HISTORIA DE LAS FALLAS. LOS ORÍGENES DE LA FIESTA

El fuego ha estado y está presente en multitud de festividades y celebraciones en todo el mundo, por su caracter purificador que remite a nuevas (y mejores) etapas que están por venir. Las Fallas de San José forman parte de una larga lista de festividades valencianas en las que el fuego es protagonista. Estas fiestas nacen en la misma ciudad de Valencia. No se sabe con seguridad cuando nacieron las Fallas pero ya se tiene constancia de ellas a finales del siglo XVIII, en 1780, cuando ya se plantaban en las calles y se quemaban e incluso ya con la denominación de “Falla”, que en latín significa “Antorcha” o “Haz pequeñito”, ¿ lo sabíais?

Originariamente, dichas hogueras o fallas primigenias, se hacían en alquerías y barracas de l’Horta de Valencia, mientras que en la ciudad se realizaban con trastos viejos al mismo tiempo que de los balcones se colgaban ninots que despues eran quemados. Algunos de ellos eran apilados por carpinteros y ebanistas expertos creando una suerte de esculturas parecidas a como las conocemos actualmente. En aquella época no eran fiestas tan largas y simplemente duraban dos días, el 18 se plantaban, visitaban y quemaban las Fallas y el 19 los valencianos merendaban en el campo para celebrar San José.

Si nos trasladamos a finales del siglo XIX y principios del XX, podemos hablar ya de unas 15 fallas urbanas. En esta época surgen ya los versos y els llibrets de Falla. Esto, junto a los ninots con tinte satírico, empezaban a tener su carácter político y crítico con la sociedad del momento.

Entre 1920 y 1940 la ciudad creció vertiginósamente, pasando de 250.000 habitantes a 450.000. Las Fallas, a su vez, movieron el día de la cremá al día 19. En estas décadas aparecieron otros elementos que ahora vemos indivisibles de la fiesta de Fallas: Los buñuelos con chocolate, las Falleras Mayores, les despertaes, les mascletaes y se expandió a otras localidades valencianas, no solamente de la provincia de Valencia, también de Alicante y Castellón.

Coincidiendo con el Franquismo las Fallas alcanzaron su crecimiento definitivo pasando a tener 150 Fallas, la creación de la Junta Central Fallera y la celebración de la Ofrenda. Desgraciadamente también perdieron su parte crítica y satírica por culpa del control que la dictadura ejerció sobre ella. Y las fiestas pasaron de tener un origen pagano a tener un cariz religioso.

El siglo XX se cerró con las 400 fallas que conocemos actualmente, la participación de unos 100.000 falleros a lo largo de más de 100 municipios del territorio valenciano, generando muchísimos debates de convivencia y otros meramente estéticos, sobre los propios monumentos y su adecuación a los orígenes de la fiesta. En 2016 fueron nombradas Patrimonio de la Humanidad por parte de la UNESCO. El futuro de la fiesta pasa por tratar de cerrar mejor la convivencia con los ciudadanos no-festeros, la utilización de nuevos materiales para la quema de los monumentos para contaminar menos y recuperar parte de sus orígenes.

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